Futbol Base 10

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Decálogo del entrenador resultadista en fútbol base


El fútbol base es, o al menos así debería, una etapa formativa para los niños. Una etapa cuyo objetivo principal debe ser crear adherencia al deporte, conseguir que al niño le guste acudir a entrenar y a jugar y, una vez se haya conseguido eso, intentar que el niño aprenda lo mejor posible este deporte.




Pero la realidad, en general, dista bastante de ser así. El fútbol base, a través de sus entrenadores, y por qué no decirlo, de la inexistencia de coordinadores formados en los clubes, es de todo menos una etapa formativa. El objetivo es ganar y, si se gana, aprender es secundario. O peor, si se gana se da por supuesto que se está trabajando bien y, por lo tanto, que está habiendo aprendizaje. Si no se gana es porque no se está trabajando bien con los niños. Hemos llegado a un punto en el que el trabajo desarrollado por un club, o por sus entrenadores, se mide en función de los resultados obtenidos en las competiciones. Y es tal el desconocimiento y la falta de formación alrededor del fútbol base que clubes sin ningún tipo de planificación ni metodología de trabajo ven como cada año decenas o cientos de padres hacen cola para apuntar a sus hijos ahí simplemente porque ganan, asociando el ganar al trabajo bien hecho, cuando la realidad es que ganan porque tienen el triple de niños que el resto de clubes de su entorno y, por estadística, algún niño de esos será bueno. Y si no es así no pasa nada, porque a final de temporada llamarán a los padres de ese niño tan bueno que juega en otro club y que, él y sus padres, con tan solo escuchar el nombre del club irán corriendo a él, sin preocuparse del trabajo que hacen ya que, debido a su ignorancia, lo dan por supuesto.

Quizás porque el fútbol base se ha convertido en un negocio en el que ganar ayuda a atraer a más niños, y cuantos más niños más cuotas, o quizás porque simplemente hay un déficit formativo en los entrenadores y directivos de los clubes, el caso es que el fútbol base, en general, es visto como una adaptación del fútbol profesional para niños. Lo importante es ganar. Y, ¿qué hace un entrenador que piensa en el resultado por delante de la formación? Aquí os dejo su decálogo:


Los saques de puerta los saca el jugador que más fuerte golpee. Sea el portero o el delantero. Si el portero no sabe sacar entonces no saca de puerta en todo el año. ¿Puede ser que llegue a juveniles sin haber sacado nunca de puerta? Eso será problema del entrenador de juveniles, que se busque la vida.

7 jugadas ensayadas de córner y 5 de saque de centro. Porque todos sabemos que unos prebenjamines que tienen ensayadas 7 jugadas de córner no necesitan media hora todas las sesiones durante 2 meses para aprenderlas. Y decidir dedicar ese tiempo a ensayar córners en vez de a otro contenido obedece a que se busca ganar, te cuenten las milongas que te cuenten.

En los saques de puerta del rival presionamos arriba, hombre a hombre. Los prebenjamines y los benjamines destacan por su precisión en el pase largo, por lo tanto presionarles arriba en un saque de puerta resulta que es exigirles, no ahogarles.

El mismo jugador que saca de puerta también tira a gol las faltas a favor pitadas en medio campo. Y a poder ser que tire por arriba, cerca del larguero, donde el portero no llega. Pero no llega porque es malo y hay que aprovechar las debilidades del rival, no porque tenga 7 años y no llegue al larguero.

El bueno no pisa el banquillo, los malos juegan 5 minutos. Hay que crear un bloque que te ayude a competir, no se puede sacar a los buenos del campo porque el equipo se viene abajo. El malo, el gordo y el que no se sabe si es diestro o zurdo de lo mal que le da con las dos ya mejorarán con el paso de los entrenamientos, en el rato ese en el que no se está ensayando córners. Los partidos están para competir.

Manejar a los niños desde la banda como si fuese el FIFA. "Pasa, conduce, tira, abre el campo, pásasela a Pedrito, ¿pero qué haces? ¿no ves que Pedrito está marcado? Este ya lleva 5 minutos en el campo, le toca descansar". Porque no les está gritando lo que tienen que hacer, coartando su toma de decisiones, simplemente les está ayudando a tomarlas.

Protestar hasta el pitido inicial del partido por si está pitando algo en contra. Grita más veces la palabra árbitro que ánimos da a sus jugadores. Tiene un muelle en el brazo, como el linier de Al Ghandour, señalando la dirección de los saques de banda antes de que los señale el árbitro.

Celebrar los goles como si fuese la final de un mundial. Nunca se sabe cuándo puede ser el último gol, hay que celebrarlos todos. ¿No es la final de un mundial? Ya, pero tampoco la va a jugar nunca. ¿No tiene derecho a celebrar los goles como si estuviese en una?

Meter 25 goles al rival. "No hay nada más antideportivo que menospreciar al rival, hay que jugar a tope hasta el final". Además, fue imposible meter menos, eran muy malos. Sacaban de puerta y ya nos la regalaban. ¿Hay alguna regla que prohíba esperar en campo propio?

Si el bueno falla hay que animarlo, si falla el malo hay que cambiarlo. Cuando el bueno falla estaba intentando hacer algo interesante, productivo. Cuando falla el malo es porque está cansado, lleva mucho tiempo en el campo, necesita un respiro. "Ya jugará un poco más después, o los últimos cinco minutos de un partido que vayamos ganando 25-0".







¿Qué es el éxito en el fútbol base?


¿Qué es el éxito? Ojalá fuese fácil de contestar. La RAE (Real Academia Española) dice que el éxito es el "resultado feliz de un negocio, actuación, etc", pero la realidad es que ese resultado feliz es ampliamente interpretable y lo que para mí es un resultado exitoso para ti, a lo mejor, es un fracaso.



Por qué el éxito es interpretable guarda relación con los puntos de partida, con los esfuerzos y con los objetivos. Como ejemplo podemos poner un examen del instituto o de la universidad.

Si mañana tenemos examen y yo no he estudiado nada, si mi objetivo era sacar un uno y de casualidad he sacado un dos, pensaré que es un éxito rotundo. Superé mi objetivo.

Ahora bien, si tú eres una persona que controla sobre la temática del examen, llevas una semana estudiando con la intención de sacar un ocho y finalmente sacas un cinco, entonces lo verás como un fracaso. Has sacado tres puntos más que yo pero para mí ha sido un éxito y para ti un fracaso. Punto de partida, esfuerzo y objetivo.

Pero vamos a dejarnos de tonterías. No me he sentado delante del ordenador para decirte que el éxito depende de ti, de tus objetivos y demás patraña. Si yo saco un dos en el examen de mañana podré decir que es un éxito. Podré poner en mis redes sociales que he triunfado y que nadie a principio de semana contaba con un resultado tan positivo. Podré decir que nadie confiaba en mí y que he roto todos los pronósticos sacando un dos. Podré creerme realmente que soy una persona exitosa por haber sacado un dos teniendo como objetivo sacar un uno. Pero quien me lea se dará cuenta de que, como mínimo, estoy un poco desubicado.

Quien me lea se preguntará si yo soy consciente de que menos de un cinco es un suspenso. Se preguntará si alguien me lo habrá explicado alguna vez. Porque no hay otro motivo por el cual celebrar sacar un dos en un examen que tener los objetivos mal definidos.

Esta confusión a la hora de marcarse objetivos también la vemos cada temporada en el fútbol base. Por un lado están los entrenadores/as de benjamines que se marcan como objetivo quedar entre los tres primeros y por otro están los que se marcan como objetivo llegar a junio siendo mejores de lo que eran en septiembre.

Porque el éxito en el fútbol base no es ganar, aunque ese sea tu objetivo. El éxito no es quedar campeón de liga benjamín. Eso podrá estar bien, podrá ser celebrado, pero bajo ningún concepto mide el éxito de una temporada. Principalmente porque en edades tempranas las diferencias individuales (físicas y técnicas) son las que van a marcar, en la mayor parte de los partidos, quién gana y quién pierde.

Éxito es que llegue un niño a tu club con 6 años y no se marche hasta los 33. Éxito es que un niño de 8 años llegue a tu club sin conocer a nadie y 8 años más tarde lo veas por la calle rodeado de los amigos que hizo en tu equipo. Éxito es conseguir que todos tus niños/as se duchen solos después de cada entrenamiento y de cada partido, sin necesitar la ayuda de sus padres. Éxito es ver como tus jugadores se animan entre ellos tras un error y se felicitan tras un acierto. Éxito es conseguir que los lunes se vayan a dormir ilusionados porque el martes tienen entrenamiento. Éxito es que los niños respeten los errores del árbitro y acepten los suyos propios. Éxito es saber ganar y saber perder. Éxito es crear adherencia al deporte, sea al fútbol o al atletismo. Éxito en el fútbol base es provocar mejoras deportivas y personales. Éxito es entender que el fútbol base no es fútbol profesional para niños y que el objetivo principal es pasarlo bien para conseguir muchas de las cosas anteriores.

Ojo, tú puedes ganar la liga benjamín y tener éxito, no es incompatible con conseguir las cosas del párrafo anterior. No digo que ganar sea un fracaso. Lo que es un fracaso es ganar la liga benjamín, escribirlo en tu muro de Facebook y creer que eso es un éxito.





El síndrome de Cristóbal Colón


Dicen que Cristobal Colón llegó a América convencido de haber llegado al continente asiático, llamado Indias por Marco Polo. Desorientado, pensó que había descubierto una nueva ruta para llegar a ese continente, pero en realidad había descubierto uno totalmente diferente.


Creo que por ese motivo, a partir de ahora, voy a empezar a diagnosticar el síndrome de Cristóbal Colón a ciertos entrenadores de fútbol base que, desorientados, piensan que se encuentran en una etapa donde los resultados están por encima de la formación y en una etapa que entienden como una adaptación del fútbol profesional para niños. Entrenadores que están convencidos de estar en un sitio totalmente diferente al que en realidad están. Entrenadores con el síndrome de Cristóbal Colón.

Entrenadores que creen que el árbitro/a que dirige su partido de benjamines viene de arbitrar la semana anterior las semifinales de la UEFA Champions League. Creen realmente que ese árbitro/a debe mostrar el mismo nivel de acierto que un profesional, lo creen y se lo exigen. Le protestan todo, aunque sea un niño/a de 15 años, y no entienden que si está arbitrando su partido de benjamines y no la final de un mundial es porque también está aprendiendo. Un entrenador de fútbol base tiene que entender que el árbitro/a va a fallar, los jugadores van a fallar y que él mismo va a fallar. Entender el contexto y aceptarlo forma parte del aprendizaje de todos.

Entrenadores que celebran los goles de unos niños de 8 años como si fuese el gol de Iniesta en la final del Mundial 2010. ¿En qué momento se le empieza a dar al resultado de unos niños de 8 años tanta importancia como para celebrar los goles como si no hubiese mañana? Alegrarse está bien, todo el mundo quiere ganar, pero he visto goles importantes a nivel profesional menos celebrados que alguno marcado por un niño benjamín. En la importancia que se le da a los goles se muestra también la sintomatología del síndrome de Cristóbal Colón, creen que se juegan en cada partido algo que realmente no es tal. El resultado es anecdótico en estas categorías. ¿Está habiendo mejora? ¿Los objetivos que se marcan se están cumpliendo? ¿Se ve reflejado en la competición las mejoras que se pretenden desarrollar en los entrenamientos? Esas son las preguntas que se tienen que hacer. Lo demás es estar desorientado, es no saber dónde se está.

Entrenadores que sienten la necesidad de hacer cada fin de semana un resumen en sus redes sociales de cómo ha sido el partido que han disputado con sus benjamines. Entrenadores que realmente creen que le importa a alguien si ganaron, si empataron o si perdieron en el último minuto de penalti injusto. Entrenadores que no se dan cuenta de que el problema no es que a los demás no nos importe cuál fue el resultado de sus niños/as de 8 años, el problema es que les importa demasiado a ellos. Y les importa porque están perdidos. Creen estar donde no están. Piensan que entrenan en una etapa donde los resultados son importantes, donde se les va a valorar como formadores en función de si ganan o no. Sienten la necesidad de justificarse cuando pierden y de gritar hasta que escuche todo el mundo cuando ganan. Entrenadores que piensan que están en un fútbol profesional para niños, donde imperan las mismas normas, cuando en realidad están en un lugar totalmente diferente. Entrenadores que creen que están en un sitio en el que no están. Entrenadores con el síndrome de Cristóbal Colón.

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